Los combinados de Gin Tonic la bebida de moda en España
Es miércoles, pero con tanta gente alrededor, podría ser ya fin de semana. Es lógico: aunque ha caído el sol, el centro de la ciudad arde y la marabunta de coches ha regresado a las calles. Mientras, aquí, en la barra del bar, la luz es tenue. La música calma. La compañía agradable y algo más: este cóctel (lo reconozco, el segundo) es una delicia.
La escena transcurre en el madrileño bar Del Diego, pero sería calcada en Barcelona, Valencia o San Sebastián. Ciudades que, como toda España, viven la fiebre del cóctel, sustituto en la boca de muchos del cubalibre, el champán o el vodka con quién sabe qué. Ni crisis económica ni depresiones posvacacionales: solo más (y mejores) excusas para disfrutar bebiendo.Una bola en crecimiento
"Cuando empezamos en 1987", dice Jordi Reig, "servíamos sobre todo cubalibres en vaso largo, copas de batalla. Pero el local era bonito, el servicio esmerado y los clientes empezaron a pedir combinados más exóticos: mojito, daiquiri, manhattan, whisky sour... Queríamos atenderlos, y desde entonces la bola no ha hecho más que crecer". La bola es, en este caso, la famosa coctelería barcelonesa Torre Rosa, y Reig uno de los más célebres bármanes españoles.
¿Por qué este auge del cóctel? Para Reig, "es una continuación del boom gastronómico de los noventa, de la pasión en las últimas décadas por saber de vino y celebrar el buen vivir". Para Javier de las Muelas, dueño y barman del Dry Martini (según los expertos, uno de los diez mejores bares del mundo), es por el triunfo de unos valores: "Los bares son iglesias donde los protagonistas y feligreses son los clientes. El cóctel es, más que una bebida, una experiencia, y el barman no es alguien que tenga que distraernos, sino facilitarnos una charla agradable".
Más 'glamour' que alcohol
Los (buenos) bares, es verdad, han cambiado. Los lúgubres antros con olor a taberna se han convertido en templos del detalle y el buen gusto. El contenido alcohólico se ha aligerado. Hay más luz. Y se acabó el desvestir a las mujeres con la mirada, porque precisamente fueron ellas quienes trajeron esta revolución.
Como dice De las Muelas, "el gintonic es un ejemplo: antes era una bebida masculina, casi de alcohólico, y ahora se hace poco cargado. Se ha transformado en un long drink para disfrutar y conversar, porque las bebidas, como la vida, deben combinar eficacia con dulzura, valores femeninos". Reig suscribe estas palabras: "La bebida elegante gusta a todos los clientes. Antes, ellos pedían ron, whisky o vodka, y ellas Baileys. Ahora todos beben cócteles, a poder ser en copa grande y con mucho hielo, fruta y muy buen servicio".